La profesión de farero siempre fue un auténtico reto, apto solamente para los más aguerridos, capaces de vivir en lugares medio aislados y muchas veces con condiciones meteorológicas muy duras. A medida que el funcionamiento de los faros se ha ido automatizando, han dejado de necesitar personal viviendo permanentemente en ellos y las nuevas tecnologías han hecho también que sean menos imprescindibles en la navegación y que hayan perdido algo de protagonismo.
Mantienen sin embargo intacta su aura romántica y aventurera. Y por eso es de agradecer la iniciativa del gobierno de Portugal de permitir la visita pública de la mayoría de ellos. En la región Oeste solamente tenemos en la actualidad dos faros en funcionamiento, ambos además muy próximos entre sí, uno en el cabo Carvoeiro de Peniche y el otro justo en frente, en las islas Berlengas.

Pero a una corta distancia hacia el norte tenemos también los de Aveiro, Mondego (Figueira de Foz) y Penedo da Saudade (Marinha Grande). Tanto estos tres como los del cabo Carvoeiro y Berlenga se pueden visitar todos los martes, de 14 a 17 en verano y de 13.30 a 16.30 en invierno. Antes de acercarnos conviene echar un ojo en la web de la Autoridad Marítima Nacional para verificar que no estén cerrados por motivos operacionales o por alguna reforma.
Y para el que prefiera la comodidad de internet hay también la posibilidad de una visita virtual al faro de Bugio, ubicado en medio de la desembocadura del Tajo, cerca de Lisboa.
Así que para todos aquellos que necesitamos a veces una luz que nos guíe y una vista inspiradora y diferente del mar pues ya tenemos plan para la tarde del martes. Y si vamos con niños, seguro que somos capaces de imaginar con ellos una gran aventura de piratas y contrabandistas en ese entorno tan evocador. Obviamente, en la playlist en el coche de camino al faro no debe faltar I will leave a light on, de Tom Walker.