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Planes para días de calor extremo en Portugal

Jugábamos en una entrada anterior con la idea de que muchas personas incluso agradecen cuando en verano viene un día lluvioso y tienen la excusa perfecta para poder hacer planes diferentes a los típicos de surf, playa y golf.

En el extremo opuesto estarían los días de calor. Pero, en un ejemplo más de que los extremos se tocan, vemos que la práctica totalidad de planes que comentábamos para esos días de lluvia valen también para días de calor extremo.

Y además hay algunos adicionales. En un artículo del Diario de Noticias durante la ola de calor de agosto de 2018 se citaba el cabo Carvoeiro como uno de los lugares más frescos de Portugal continental:

https://www.dn.pt/pais/interior/fugir-do-calor-conheca-os-locais-mais-frescos-de-portugal-continental-9672712.html

Y es verdad que cualquiera que haya visitado el cabo, con sus impresionantes acantilados y sus vistas maravillosas de la costa y de las islas Berlengas, habrá visto que en ese espacio de fusión salvaje entre la tierra y el mar casi siempre hace, como mínimo, una suave brisa fresca.

Otro plan en la misma línea serían los acantilados de Foz de Arelho, con sus vistas sobre el mar y la lagoa. El plan combina especialmente bien con alguno de los agradables chill-outs de la playa de Foz de Arelho.

Y también en esa línea de chill-out, es especialmente recomendable el jardín del Areias do Seixo, que permite disfrutar en buena compañía de la siempre agradable combinación de la noche, el fuego y las estrellas.

Berlengas

El ser humano es curioso y aventurero por naturaleza. Y cualquiera que visita el cabo Carvoeiro, en el extremo más occidental de la península de Peniche, siente curiosidad por unas islas que se ven a lo lejos, a unos 10 km de distancia. Es el archipiélago de las Berlengas, un grupo de pequeños islotes, con tres peculiares historias que se entrecruzan de forma sorprendente con el presente.

En la Historia de las islas hay una primera fecha muy relevante, 1465. Fue en ese año cuando el rey Afonso V dictó una orden prohibiendo la caza en las Berlengas, en lo que fue una decisión pionera y muy novedosa de cuidado y atención por la naturaleza. Cualquiera que haya visitado o visto fotos de las islas, y de sus calas con aguas turquesas y cristalinas, entiende bien lo que pudo ver y sentir el rey Afonso para dictar una orden tan poco habitual en aquella época. La línea hasta el presente, y el futuro, nos lleva hasta más de cinco siglos después, cuando en 2011 la UNESCO declaró las Berlengas reserva de la biosfera y confirmó lo que la sensibilidad del rey valoró ya mucho tiempo antes.

En el siglo siguiente al del rey Afonso, en 1513, con la ayuda de la reina Leonor, se fundó en las islas un pequeño monasterio de monjes jerónimos, que buscaban un lugar para su retiro espiritual y para ayudar a las víctimas de los numerosos naufragios que generaba esa costa. Salvando las distancias, es lo que hoy en día buscan también los muchos retiros que en distintos puntos de la costa de Peniche ofrecen interesantes combinaciones de mindfulness, yoga, meditación y surf. Esperemos que la historia moderna sea más propicia para estas iniciativas porque la del monasterio y los pobres monjes jerónimos acabó en cierre apenas unos años después de su fundación ya que el monasterio era frecuentemente atacado por piratas y sus miembros tomados como esclavos. Seguramente fueron unos adelantados para su tiempo y no consiguieron que todo el mundo viera la paz, belleza y espiritualidad que inspira esta costa atlántica.

La tercera historia conecta el pasado y el siglo XXI a través del mar, el fútbol y la tecnología. En 2018 la empresa Apple rodó un cortometraje sobre una supuesta rivalidad histórica entre los equipos de fútbol de Baleal y Peniche, que preferían dirimir en terreno neutral sus partidos y elegían para ello desplazarse hasta las Berlengas. Se puede ver el vídeo en este enlace. La historia es, obviamente, de ficción y se dirigía más bien a mostrar la excelencia técnica del  modelo de teléfono con el que está grabado el anuncio. Pero, en cierto modo, nos permite entender la dificultad de quienes viven del mar y valorar mejor a todos aquellos que se aventuraron desde tiempos inmemoriales a surcar las aguas y descubrir los misterios que ocultaban. Es una historia costumbrista que conecta el pasado y el presente a través del mar y de estas islas tan especiales. Si al ver el vídeo te entran ganas de visitar las islas, ten en cuenta que desde el 1 de junio de 2022 está en funcionamiento una tasa turística de 3 euros, Berlengas Pass, destinada a mejorar las infraestructuras y asegurar que el número de visitantes diarios no supere las 550 personas.  

I will leave a light on

La profesión de farero siempre fue un auténtico reto, apto solamente para los más aguerridos, capaces de vivir en lugares medio aislados y muchas veces con condiciones meteorológicas muy duras. A medida que el funcionamiento de los faros se ha ido automatizando, han dejado de necesitar personal viviendo permanentemente en ellos y las nuevas tecnologías han hecho también que sean menos imprescindibles en la navegación y que hayan perdido algo de protagonismo.

Mantienen sin embargo intacta su aura romántica y aventurera. Y por eso es de agradecer la iniciativa del gobierno de Portugal de permitir la visita pública de la mayoría de ellos. En la región Oeste solamente tenemos en la actualidad dos faros en funcionamiento, ambos además muy próximos entre sí, uno en el cabo Carvoeiro de Peniche y el otro justo en frente, en las islas Berlengas.

Pero a una corta distancia hacia el norte tenemos también los de Aveiro, Mondego (Figueira de Foz) y Penedo da Saudade (Marinha Grande). Tanto estos tres como los del cabo Carvoeiro y Berlenga se pueden visitar todos los martes, de 14 a 17 en verano y de 13.30 a 16.30 en invierno. Antes de acercarnos conviene echar un ojo en la web de la Autoridad Marítima Nacional para verificar que no estén cerrados por motivos operacionales o por alguna reforma.

Y para el que prefiera la comodidad de internet hay también la posibilidad de una visita virtual al faro de Bugio, ubicado en medio de la desembocadura del Tajo, cerca de Lisboa.

Así que para todos aquellos que necesitamos a veces una luz que nos guíe y una vista inspiradora y diferente del mar pues ya tenemos plan para la tarde del martes. Y si vamos con niños, seguro que somos capaces de imaginar con ellos una gran aventura de piratas y contrabandistas en ese entorno tan evocador. Obviamente, en la playlist en el coche de camino al faro no debe faltar I will leave a light on, de Tom Walker.